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Fachada de piedra sin revocar de la casa de La Veiga, con Tía Pepa y Adelina asomadas a las ventanas y colgaduras el día del Corpus
Villablino · Laciana · desde 1950

La casa que se construyó
piedra a piedra, peseta a peseta.

La Veiga era el nombre de la zona de fincas —de maíz y otros cultivos— que limitaba con el pueblo de San Miguel. El paraje concreto donde se levantó la casa se conocía como "El Zarzalón". Hoy todo forma parte de Villablino, aunque conserva su identidad propia.

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Esta fue la primera casa de La Veiga — y, sin exagerar, una de las primeras del Villablino moderno: se construyó incluso antes que la propia iglesia del pueblo. Piedra a piedra, peseta a peseta, la levantó una familia de mineros.

Durante sus primeros años, la casa se conoció y se usó como referencia por el nombre de La Veiga — así llegaba incluso el correo. Ese nombre ya apenas se recuerda; hoy, si alguien la nombra, es como la casa de Enriquitín.

Libro de la casa

La casa, a través del tiempo

Un recorrido cronológico por las fotografías que se conservan de la casa y de quienes la habitaron.

Casa aún sin revocar, con Tía Pepa y Adelina asomadas a las ventanas y colgaduras el día del Corpus
Fachada aún en piedra vista, sin revocar · Tía Pepa (izda.) y su hermana Adelina (dcha.), asomadas a la ventana

El día del Corpus

La fotografía recoge una costumbre que hoy casi ha desaparecido: el día del Corpus Christi, las casas del pueblo se engalanaban colgando de las ventanas y balcones las mejores colchas, mantones y colchas de damasco de la familia —muchas veces piezas de ajuar o de boda— a modo de adorno para la procesión.

La costumbre del Corpus No era una decoración cualquiera: sacar la mejor ropa de cama y de mesa a la calle era también una forma de mostrar la casa y de participar en una fiesta que recorría el pueblo entero. En una época sin revocar todavía la fachada, esas telas de colores eran, por un día, la cara más cuidada de la casa.
Vista panorámica de La Veiga en 1958, con la iglesia de Villablino recién construida y apenas nada más alrededor
La Veiga en 1958, con la iglesia de Villablino recién construida —en terrenos de San Miguel—. No existía nada más

Cuando aún no había nada alrededor

Esta vista panorámica de 1958 muestra el valle cuando la iglesia de Villablino llevaba solo unos años en pie. La casa de La Veiga, construida en 1950, ya estaba allí antes que buena parte de lo que hoy es el centro del pueblo.

Hombre mayor con boina sentado a la puerta de una casa de piedra
Enriquitín, a la puerta de casa

Enriquitín, ya jubilado de la mina

Con los pulmones marcados por la silicosis, Enrique —"Enriquitín"—, nacido en Busante (Ibias, Asturias), pasó sus últimos años en el mismo umbral que había levantado con sus manos ya pasados los setenta.

Mujer mayor sentada junto a un árbol, con las manos cruzadas
Adelina

Adelina, sosteniendo la economía de la casa

Mientras se pagaban la hipoteca y los préstamos de los vecinos, Adelina sostuvo la economía familiar alquilando las dos viviendas de la planta baja.

Retrato de un hombre, de estudio
Paulino, con unos 38 años

Paulino, minero como su padre

Nacido en San Miguel, donde vivía la familia antes de construir la casa. Soltero y con poco más de veinte años, ayudó a levantar la casa piedra a piedra junto a su padre. Para cuando se tomó esta fotografía ya estaba casado con Edelmira, con quien crió aquí a sus hijos, y seguía sosteniendo la casa con su jornal de minero, año tras año.

La casa ya revocada y enfoscada, cubierta de nieve, rodeada de edificios modernos
La casa ya consolidada, nevada, entre los edificios que fueron creciendo a su alrededor

La casa consolidada

Ya revocada y enfoscada, la casa queda rodeada por el Villablino que fue creciendo después de ella —los mismos bloques y edificios que hoy conviven con la última construcción de La Veiga.

La casa hoy, repintada de blanco tras la reforma de 2020, vista desde el jardín
La casa hoy, tras la reforma de 2020 y repintada en 2025 (foto provisional — se sustituirá por una toma que muestre más la fachada)

La casa, hoy

Setenta y tantos años después de aquella obra de 1950, la casa sigue en pie, sigue en la familia, y sigue teniendo algo que contar.

La familia que construyó la casa

Enriquitín, Adelina, Paulino y Edelmira

1878

1960

Enrique · "Enriquitín"

Nacido en Busante (Ibias, Asturias), bajó a la mina de Laciana como tantos hijos segundos de caserías de montaña. Jubilado minero, con los pulmones marcados por la silicosis, ya pasados los setenta años levantó esta casa con sus propias manos, junto a su hijo Paulino.

1893

1968

Adelina

De Folgoso de Ibias. Compañera de Enrique en la casa y en la deuda: sostuvo la economía familiar con el alquiler de las dos viviendas de la planta baja mientras se pagaban la hipoteca y los préstamos.

1925

2009

Paulino

Nacido en San Miguel, donde vivía la familia antes de construir la casa. Hijo de Enrique y Adelina, minero como su padre. Soltero y con poco más de veinte años, ayudó a levantar esta casa piedra a piedra junto a él, mientras dos de sus hermanos partían hacia Brasil. Después la sostuvo con su jornal, año tras año — antes y después de casarse con Edelmira, con quien crió aquí a sus hijos.

Fechas
pendientes

Edelmira

Al casarse con Paulino se convirtió en pieza clave de la casa: la administró y la reformó en los años 70, cuidó de su suegra —la Tía Pepa— y crió en ella a sus dos hijos. (pendiente de incorporar una fotografía suya)

“Cada piedra de esta casa se pagó con turnos de mina y con sacrificio. Que quien la visite lo sepa.”
La familia de La Veiga · Villablino
La Veiga, Villablino · Historia familiar recogida en León, 2026